Valeria
Valeria
Es importante no tener miedo del qué dirán
Desde pequeña, Valeria recuerda haber pasado por muchos colegios. En todas las clases sólo quería jugar y, a veces, se metía en líos. Una vez animó a sus compañeros a salir a jugar al carnaval en plena clase.
No prestaba atención en clase. No podía estarme quieta. Quería hacer amigos.
Algo me hizo sospechar que tenía TDAH.
Su madre cambió a Valeria de colegio con frecuencia hasta que por fin encontró un psicólogo que apoyara a su hija.
El psicólogo me ayudó a identificar mis puntos fuertes, me dio un diagnóstico y recibí terapia.
La madre de Valeria informó de su diagnóstico en el colegio, con el objetivo de generar una mayor comprensión por parte de los profesores.
Sin embargo, esta información pronto llegó a oídos de sus compañeros de clase, que trataban a Valeria como alguien diferente.
Valeria comenzó el tratamiento con un psicopedagogo a los 11 años.
Ella me hacía muchos juegos, me hacía dibujar, me preguntaba la razón y el propósito de mis acciones.
Estas técnicas pretendían proporcionarle herramientas de autorregulación, mostrar a Valeria sus puntos fuertes y motivarla para seguir adelante.
“Quiero entender a los demás, motivarles a buscar información, decirles que no tengan miedo a hablar y que cuenten conmigo como un apoyo, una persona que les entiende.”
A veces, Valeria también tiene episodios tanto de ansiedad como de depresión.
Tiendo a darle muchas vueltas a las cosas, o a procrastinar tareas importantes.
Y mis emociones son muy fuertes. Para mí no hay término medio, soy muy sensible.
A pesar de todo Valeria siente que el TDAH la ha convertido en una persona muy empática, que siempre busca ayudar a sus compañeros.
Quiero entender a los demás, motivarles a buscar información, decirles que no tengan miedo a hablar y que cuenten conmigo como un apoyo, una persona que les entiende.
A Valeria le encanta gestionar y dirigir grupos de personas. Durante un tiempo desempeñó el papel de presidenta del consejo de estudiantes y de la clase, pero aun así sus profesores siempre decían que no era un buen ejemplo.
Valeria siempre motivaba a sus compañeros a participar en cualquier actividad, pero los profesores se quejaban de que no dejaba participar a los demás.
A los 18 años volví a ir a terapia durante 2 o 3 meses, debido a algunas pérdidas que sufrí.
Mis padres tenían un estigma sobre la terapia. Pensaban que era sólo para locos. Así que decidí pagarme la terapia.
Valeria asistió a sesiones de terapia cognitivo-conductual, aprendiendo técnicas de respiración y otras formas de autorregulación.
Creo que el psicólogo te ayuda enormemente, ya que es alguien a quien puedes contarle las cosas con total libertad.
En la edad adulta, a Valeria le resulta mucho más fácil lidiar con todo esto.
Le gusta hablar de sus experiencias, compartir anécdotas y ser quien es, sin miedo a represalias por expresar lo que siente.
Ahora es mucho más fácil lidiar con todo esto. No me da vergüenza hablar del TDAH. Para mí es importante no tener miedo al qué dirán.