Maria

Maria

Al escuchar las historias de otras personas, te das cuenta de que no estás solo

Entrego mi alma a Jesucristo por toda la eternidad, infinitamente, Señor Jesús.

María llama a esta frase su “cancioncilla.” La repetía de vez en cuando, en distintas situaciones, cuando aparecía algún pensamiento angustiante, como cuando temía que su salvación estuviera en riesgo.

Al repetir su cancioncilla y persignarse, María sentía alivio por un momento, pero esa sensación no duraba. Repetía las palabras una y otra vez, a veces varias veces al día. Sin embargo, era en su casa y en la de su tía donde lo hacía con mayor libertad y frecuencia.

Su familia conocía bien la cancioncilla. También estaban acostumbrados a que María buscara consuelo respecto a la salvación de su alma.

A veces, pensaban que estaba pasando por un episodio de manía. En otras ocasiones, le decían que era débil y que necesitaba tener más fé.

Lo que su familia—y la propia María—no comprendían en aquel momento era que estaba experimentando escrupulosidad, una forma de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) que se caracteriza por obsesiones y compulsiones relacionadas con preocupaciones religiosas y morales.

María recuerda haber tenido pensamientos intrusivos desde la infancia; pero comenzaron a afectar su vida cuando empezó la universidad. La gravedad de los síntomas coincidió con el diagnóstico de cáncer de su madre.

Durante cinco años, María vivió sin saber que tenía una condición de salud mental que podía tratarse. Recuerda ese período como uno marcado por la confusión, la angustia, y la vergüenza.

Cuando tuve depresión relacionada con mi TOC, mi familia me decía que me levantara de la cama y que reaccionara.

También recuerda una ocasión en la que un compañero de trabajo de su padre la vio realizando sus compulsiones mientras conducía hacia la universidad.

Llamó a mi padre para decirle que estaba preocupado porque me vió hablando sola. Me sentí mal por mi padre y me dió vergüenza. Su compañero de trabajo también pertenecía a nuestra comunidad religiosa, lo que lo hizo aún más difícil.

“La manera en que reaccionó mi familia es muy común: en Puerto Rico, y en la comunidad hispana en general, existe mucho estigma en torno a la salud mental.”

María necesitaba sentirse comprendida, pero el estigma lo hacía difícil.

La reacción de mi familia es muy común. En Puerto Rico, y en la comunidad hispana en general, todavía existe mucho estigma en torno a la salud mental.

También enfrentó dificultades para encontrar ayuda. El único psiquiatra especialista que encontró estaba en Guaynabo, lejos del pequeño pueblo rural donde vivía. A pesar de la distancia, finalmente logró recibir atención.

Al principio, el especialista pensó que tenía esquizofrenia porque no estaba consciente de lo que estaba experimentando, pero finalmente me diagnosticó TOC (trastorno obsesivo-compulsivo).

Recibir el diagnóstico correcto marcó un antes y un después. Por primera vez, María pudo entender lo que le estaba pasando. Comenzó un tratamiento de exposición y prevención de respuesta (EPR), que la ayudó a no sentirse atrapada en sus dudas constantes ni en la necesidad de buscar una y otra vez la confirmación de los demás.

Igualmente importante fue su participación en grupos de apoyo para personas con TOC.

Me ayudaron muchísimo. Cuando escuchas a los demás, te das cuenta de que no estás solo y de que no estás loco.

Cuando habló con su familia sobre su diagnóstico, comenzaron a entender lo que estaba viviendo. Ya no veían su comportamiento como una falta de fe o de voluntad. Sentirse comprendida y apoyada por su familia la motivó aún más a ayudar a otras personas con TOC y a sus seres queridos a entender mejor este trastorno.

Con el apoyo de su familia María transformó sus desafíos en un propósito y se convirtió en consejera profesional licenciada y obtuvo varias certificaciones, entre ellas capacitación especializada en terapia de exposición y prevención de respuesta (EPR).

Actualmente, organiza grupos de apoyo para personas con TOC en Puerto Rico e imparte talleres para familias, personas con este diagnóstico y profesionales.

María tiene ya 20 años viviendo con diagnóstico de TOC y celebra este momento dedicándose a crear conciencia sobre el trastorno a través de iniciativas de educación y política pública. Ha escrito varios artículos en publicaciones locales, recientemente publicó un libro infantil inspirado en su experiencia y está impulsando una iniciativa para que el 14 de octubre sea reconocido como el Día de Concienciación sobre el TOC en Puerto Rico.

Actualmente está cursando su doctorado en psicología. En su práctica clínica, planea integrar su experiencia personal para ayudar a otras personas que enfrentan desafíos similares.

Quiero que la gente escuche mi historia y tenga esperanza en su propio futuro.

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